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La doctrina química “Pá Ná”

A las cinco de la tarde del día 22 de abril de 1915, en Ypres, las tropas alemanas  liberaban del orden de 168 toneladas de cloro contenidas en unas 5730 bombonas metálicas (unas 1600 cargadas con 40 kg de cloro cada una, y las otras 4130 cargadas con 20 kg de cloro). El cloro liberado, formó una inmensa nube amarillo verdosa y el viento arrastró estos vapores, más densos que el aire, hacia las trincheras donde se encontraban las fuerzas argelinas y francesas. Las tropas, sorprendidas y sin medios de protección, trataban de escapar corriendo hacia su retaguardia, en la misma dirección que los vapores de cloro, aumentado con ello su exposición a los mismos. Las tropas alemanas que no esperaban semejante efecto, no estaban preparadas para la explotación del éxito y desaprovecharon el factor sorpresa, que ya no se repetiría en posteriores ocasiones, pues las tropas aliadas estarían preparadas con pañuelos mojados con agua u orina, con los que se tapaban la nariz y la boca1.

A la vista de estos hechos parece claro que las armas químicas son especialmente eficaces empleadas por sorpresa, en grandes cantidades (para conseguir una elevada concentración), contra tropas sin protección (que no se encuentren dispersas).

Para conseguir el efecto tóxico deseado, ya sea incapacitante o letal, es necesario que las víctimas inhalen o reciban la dosis apropiada. En el caso de inhalación de una sustancia química tóxica la dosis letal en función del tiempo, por ejemplo, LCt50 es la dosis letal resultado de la inhalación de una determinada concentración durante un determinado tiempo, que produciría la muerte al 50 por ciento de la población expuesta. Cuanto más pequeño sea el valor de la LCt50 menor concentración o menor tiempo de exposición se requiere para conseguir los mismos efectos letales.

Por ejemplo, si la LCt50 para el sarín fuese 100 mg×min/m3, en un ambiente con una concentración de sarín de 1000 mg/m3, bastarían 6 segundos de inhalación para alcanzar el valor de la dosis letal 50 en función del tiempo. En cambio, para el cloro, con una la LCt50 de 10 000 mg×min/m3, sería necesario un tiempo de inhalación de 10 minutos (600 segundos). Aplicando el mismo razonamiento, la inhalación durante un minuto en un entorno contaminado, requiere una concentración de sarín de tan solo 100 mg/m3, para alcanzar la dosis letal 50 en función del tiempo, mientras que se requiere una concentración de 10 000 mg/m3 de cloro para alcanzar la dosis letal 50 correspondiente.

En campo abierto, las condiciones meteorológicas influyen mucho en el movimiento y dispersión de la nube tóxica, de ahí que se requieran grandes cantidades del agente químico de guerra, y que el objetivo no esté disperso, para conseguir una concentración suficientemente alta en la zona del objetivo, que inhalada el tiempo conveniente permita se alcance la dosis letal.

 

Guerra química y agentes químicos de guerra

La guerra química se define como el empleo de agentes químicos para matar, herir, o incapacitar durante un periodo de tiempo significativo, hombres y animales, y prohibir o dificultar el uso de áreas, instalaciones o material, o defenderse contra este empleo2.

También se define agente químico como una sustancia química que se pretende usar en operaciones militares para matar, herir seriamente, o incapacitar, por medio de sus efectos fisiológicos. El término excluye los agentes antidisturbios cuando se emplean el mantenimiento del orden, los herbicidas, los fumígenos y los incendiarios2.

La Convención sobre las Armas Químicas (CAQ) en su artículo II, “Definiciones y criterios”, entiende por “armas químicas”, conjunta o separadamente3:

  • Las sustancias químicas tóxicas o sus precursores, salvo cuando se destinen a fines no prohibidos por la presente Convención, siempre que los tipos y cantidades de que se trate sean compatibles con esos fines;
  • Las municiones o dispositivos destinados de modo expreso a causar la muerte o lesiones mediante las propiedades tóxicas de las sustancias especificadas en el apartado a) que libere el empleo de esas municiones o dispositivos; o
  • Cualquier equipo destinado de modo expreso a ser utilizado directamente en relación con el empleo de las municiones o dispositivos especificados en el apartado anterior.

Y entiende por “sustancia química tóxica”: “Toda sustancia química que, por su acción química sobre los procesos vitales, pueda causar la muerte, la incapacidad temporal o lesiones permanentes a seres humanos o animales.  Quedan incluidas todas las sustancias químicas de esa clase, cualquiera que sea su origen o método de producción, y ya sea que se produzcan en instalaciones, como municiones o de otro modo”3. A los efectos de la aplicación de la CAQ, las sustancias químicas tóxicas respecto de las que se ha previsto la aplicación de medidas de verificación están enumeradas en Listas incluidas en un Anexo B sobre sustancias químicas.

En caso de una liberación intencionada las sustancias químicas tóxicas penetrarían en el organismo básicamente por dos vías:

  • Por vía inhalatoria, en forma de vapor, gas o aerosol, la sustancia química tóxica ejercería su acción a través del sistema respiratorio con efectos rápidos y peligrosos.
  • Por vía cutánea, en forma líquida, gaseosa o aerosol, la sustancia química tóxica ejercería su acción a través de la piel, heridas y ojos.

Aunque cada sustancia química, en función de sus propiedades, ejerce su acción tóxica preferentemente por una de estas dos vías, dependiendo fundamentalmente de las condiciones meteorológicas existentes, podrían hacerlo por ambas vías.

Las sustancias químicas de bajo peso molecular y/o bajo punto de ebullición tienen una volatilidad elevada, y una baja persistencia, y son consideradas “agentes no-persistentes”, que actúan fundamentalmente por vía inhalatoria, durante un periodo de tiempo relativamente breve. Por el contrario, las sustancias químicas de alto peso molecular y/o alto punto de ebullición tienen una volatilidad reducida, y una alta persistencia, son consideradas “agentes persistentes”, que actúan fundamentalmente por vía cutánea, durante un periodo de tiempo bastante prolongado, contaminando personal, medios y terreno.

Con el empleo de agentes químicos de guerra, se busca, además de matar, herir, o incapacitar al enemigo, obligar a éste a emplear medios de protección, disminuyendo con ello sus capacidades operativas. Para su empleo en operaciones militares los agentes químicos se clasifican en:

  • Agentes químicos no persistentes, que actúan fundamentalmente por inhalación durante un breve período de tiempo, que tienen como objetivo causar bajas y abrir una brecha en las posiciones enemigas, de modo que transcurrido un cierto tiempo, esa zona pueda ser utilizada por las tropas propias sin necesidad de utilizar equipo de protección, y
  • Agentes químicos persistentes, que actúan fundamentalmente por contacto, cuyo objetivo es impedir o limitar la utilización del material y/o el terreno al contaminar durante un largo período de tiempo los mismos.

Durante la Primera Guerra Mundial los alemanes contemplaban en su doctrina el empleo de proyectiles de iperita y de proyectiles “rompe-máscaras”, seguidos de proyectiles de fosgeno, en una táctica desarrollada por el teniente coronel Georg Bruchmüller, conocida como “cruces multicolores” (Buntkreuz), o “disparos multicolores” (Buntshiessen). La doctrina de empleo de armas químicas de los británicos era algo distinta, pues consistía en realizar ataque químicos sobre unidades seleccionadas, con vistas a debilitarlas y desmoralizarlas, a través de un hostigamiento continuado, que producía un efecto devastador sobre la moral de las tropas1,4,5.

En los años treinta, el Servicio de Guerra Química de EE. UU. incluía en su doctrina el empleo de aeronaves que volasen a baja altura y a baja velocidad, para el rociado con iperita que permitiese contaminar rápidamente grandes extensiones velocidad. Se comprobó la necesidad de conseguir gotas de un cierto tamaño (no muy pequeño) para que el viento no las arrastrase y disminuir además su evaporación. La solución fue “espesar” la iperita (y otros agentes), con algún espesante, como por ejemplo, poliestireno y metacrilato de metilo, para aumentar el tamaño y viscosidad de las gotas1,6.

Los japoneses desarrollaron una doctrina de empleo de agentes persistentes, iperita y lewisita, que consistía en lanzarlos por detrás de las líneas de las tropas enemigas cuando éstas iniciaban su retirada, con el fin de ralentizarla1,7.

En 1984, durante la guerra Irán-Iraq, los iraquíes siguiendo su doctrina de empleo de armas químicas, contaminaron con iperita las rutas de suministro de las unidades a vanguardia, cortando así su apoyo logístico. Más tarde ante la ofensiva iraní recurrieron al empleo de tabún, un agente no-persistente, para abrir brechas y recuperar objetivos1,8,9.

Atendiendo a sus efectos fisiológicos los agentes químicos de guerra se pueden clasificar en:

  • Agentes sofocantes o neumotóxicos
  • Agentes tóxicos sanguíneos o cianogénicos
  • Agentes vesicantes o dermotóxicos
  • Agentes neurotóxicos o nerviosos, que se subdividen en agentes de la serie G (básicamente, no-persistentes) y agentes de la serie V (persistentes)
  • Agentes incapacitantes

Todos los agentes químicos de guerra, sean del tipo que sean, presentan además efectos psicológicos muy importantes. El miedo y el horror que inspiran alteran la moral y el estado anímico de las personas (personal militar y civil) provocando incluso pánico.

El empleo de armas químicas está considerado hoy como una flagrante violación de la legalidad internacional y un crimen contra la humanidad, de modo que a nadie en su sano juicio, ni siquiera en la situación más adversa, se le ocurriría emplear armas químicas, y menos contra personal civil, especialmente niños.

 

La CAQ

Después del empleo de armas químicas durante la Primera Guerra Mundial, y ante la opinión pública favorable a la prohibición de las armas químicas, el 17 de junio de 1925, treinta y ocho naciones firmaron el Protocolo de Ginebra de 1925, denominado «Protocolo relativo a la prohibición del empleo en la guerra de gases asfixiantes, tóxicos o similares y de medios bacteriológicos», que prohibía «el empleo en la guerra de gases asfixiantes, tóxicos o similares. Algunos países que ratificaron el Protocolo lo hicieron con la reserva de que la prohibición desaparecería en el momento en que el enemigo o sus aliados no respetasen el Protocolo. Además el Protocolo prohibía el uso de armas químicas y armas biológicas, pero no decía nada acerca de su producción, su almacenamiento o su transferencia1.

Tras varios años de negociaciones, en la Conferencia de Desarme, en Ginebra, finalizó la redacción del texto de la Convención sobre las Armas Químicas (su título completo es Convención sobre la prohibición del desarrollo, la producción, el almacenamiento y el empleo de armas químicas y sobre su destrucción), que se abrió a la firma el 13 de enero de 1993, en París, y entró en vigor el 29 de abril de 1997, 180 días después de haber sido depositado el 65º instrumento de ratificación (Hungría).

Con el fin de asegurarse de que se toman las medidas necesarias para el cumplimiento de esos ambiciosos objetivos, la CAQ prevé un complejo régimen de verificación. Con sus actividades de inspección in situ y de seguimiento de los datos, el sistema permite verificar que las actividades realizadas en los Estados Partes son coherentes con los objetivos de la CAQ y con el contenido de las declaraciones presentadas a la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ). Las inspecciones son cruciales para la aplicación de la CAQ, pudiéndose distinguir tres tipos de inspección: las inspecciones ordinarias de las instalaciones relacionadas con las armas químicas y de las instalaciones de industria química, que emplean ciertas sustancias químicas “de doble uso” (es decir, que pueden ser empleadas para fines tanto pacíficos como prohibidos); las inspecciones por denuncia, notificadas con muy poca antelación, que pueden ser efectuadas en cualquier lugar de cualquier Estado Parte que revista preocupación en relación con el no cumplimiento para otro Estado Parte; y las investigaciones sobre el presunto empleo de armas químicas. Todo lo referente a las inspecciones está detallado en el anexo sobre la aplicación y la verificación (anexo de verificación) que muchas veces parece ignorarse3,10.

 

Las armas químicas en Siria

Recordemos que el 14 de septiembre de 2013 el Secretario General de la ONU comunicaba haber recibido de Siria, conforme estipula el artículo XXIII de la CAQ, su solicitud de adhesión a la Convención de Armas Químicas (CAQ) y que también ese día, EE.UU. y Rusia hacían público un acuerdo para destruir el arsenal químico sirio y evitar así una acción de castigo solicitada insistentemente tras los incidentes de Ghouta, el 21 de agosto de 2013. En este acuerdo, EE.UU. y Rusia se comprometían a preparar y remitir al Consejo Ejecutivo de la OPAQ un borrador con “procedimientos especiales” para la destrucción rápida del programa sirio de armas químicas y su rigurosa verificación. Este acuerdo incluía la destrucción de toda la capacidad química siria antes de la primera mitad del año 2014, es decir, antes del 30 de junio de 201411.

El 14 de octubre de 2013 la Republica Árabe Siria pasó a ser el Estado Parte número 190 en la Convención para la prohibición de las Armas Químicas (CAQ). En consecuencia, no más tarde de transcurridos treinta días, el 24 de octubre de 2013, presentaba formalmente a la OPAQ su declaración inicial, de carácter confidencial, acerca de su programa de armas químicas, y también un plan para la destrucción de las mismas, en el que indicaba que la única forma de destruir su arsenal químico de manera rápida y segura conforme a las condiciones recogidas por la CAQ era realizando la misma fuera de su territorio11.

El 15 de noviembre de 2013 el Consejo Ejecutivo de la OPAQ aprobaba el plan detallado de destrucción para eliminar el arsenal sirio de armas químicas de la «manera más rápida y segura», que tenía como objetivo más importante completar la destrucción antes de la primera mitad de 2014, según lo que había establecido en la decisión del Consejo Ejecutivo de la OPAQ y en la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU 2118 (2013), ambas de 27 de septiembre de 201311.

Las primeras noticias sobre el arsenal químico sirio hablaban de unas 1300 toneladas de iperita, sarín y VX, sin detallar más, con un texto ambiguo que daba a entender que las 1300 toneladas se referían a agentes químicos de guerra (sustancias de lista 1A de la CAQ).

Hoy sabemos que el arsenal declarado de sustancias químicas se reducía a 20,25 toneladas de iperita, 540 toneladas de metilfosfonildifluoruro (DF), precursor de Lista 1, 290 toneladas de sustancias de Lista 2, 110 toneladas de sustancias de Lista 3, 398 toneladas de sustancias no incluidas en las Listas de la OPAQ, algunas ni siquiera incluidas en el Grupo Australia, y una cantidad no detallada de alcohol isopropílico, que aunque está incluido en lista alguna forma parte del sistema binario del sarín. No declaró poseer ni sarín, ni VX11.

Después de algo más de dos años, el lunes 4 de enero de 2016, se anunciaba que había finalizado la destrucción de todas las sustancias químicas declaradas por la República Árabe Siria, retiradas de su territorio en 2014. A pesar de ello sus problemas con las armas químicas están aún lejos de concluir11.

Para el gobierno sirio, las armas químicas, lejos de ser una solución a sus problemas, han resultado ser uno de sus principales quebraderos de cabeza. Desde que se inició el conflicto sirio en 2011, se han realizado por diferentes entidades y países, de uno y otro bando, numerosas denuncias acerca del empleo de armas químicas, sarín y cloro fundamentalmente, y alguna vez iperita12,13.

Puesto que Siria no había ratificado aún la CAQ, las primeras investigaciones sobre algunas de las múltiples denuncias sobre el empleo de armas químicas se llevaron a cabo mediante el Mecanismo del Secretario General (MSG) para la investigación del supuesto empleo de armas químicas y biológicas, puesto en marcha por el Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, el 21 de marzo de 2013, tras la denuncia del Gobierno sirio acerca del empleo de armas químicas en la localidad de Khan Al Asal. A la investigación sobre el incidente de Kahn Al Asal ocurrido el 19 de marzo de 2013, se acabaron incorporando otros incidentes: el de Sheik Maqsood, ocurrido el 13 de abril, el de Saraqeb, ocurrido el 29 de abril, el de Ghouta, ocurrido el 21 de agosto 2013, el de Bahhariyeh, ocurrido el 22 de agosto, el de Jobar, ocurrido el 24 de agosto, y el de Ashrafiah Sahnaya, ocurrido el 25 de agosto14.

El 13 de diciembre se presentaba el informe A/68/663–S/2013/735 que confirmaba el empleo armas químicas (sarín), no solo en la zona de Ghouta (Damasco) el 21 de agosto de 2013 como se concluyó en el documento A/67/997-S/2013/553, sino también en menor escala en Jobar, el 24 de agosto de 2013, Saraqueb, el 29 de abril de 2013, Ashrafiah Sahnaya, el 25 de agosto de 2013 y Khan al-Asal, el 19 de marzo de 2013. El informe no aportaba información sobre quién era el responsable de los hechos15,16.

El 29 de abril de 2014, el Director General  de la Organización para la Prohibición de Armas Químicas (OPAQ) anunció la creación de una Misión para la Determinación de los Hechos en relación con el supuesto empleo de armas químicas en Siria (Fact-Finding Mission)17.

La OPAQ dio a conocer el primer informe sobre la misión para la determinación de los hechos en relación con el supuesto empleo de cloro en la República Árabe Siria, el 16 de junio de 2014 (S/1191/2014) y el 10 de septiembre de 2014, dio a conocer el segundo informe  (S/1212/2014), que concluía que los testimonios aportados por 37 testigos constituían una “confirmación convincente” (compelling confirmation), de que se había empleado, sistemática y repetidamente, una sustancia química tóxica como método de guerra, y que, con un “alto grado de confianza” (high degree of confidence), esa sustancia química tóxica era cloro. El informe NO indicaba quién había podido ser el autor de los hechos. El tercer informe, fechado el 18 de diciembre de 2014 (S/1230/2014) no decía nada nuevo que no dijeran los anteriores informes. Simplemente proporcionaba una descripción más detallada sobre la labor realizada y el proceso que condujo a los resultados presentados en su segundo informe. El documento concluía de nuevo que, con un “alto grado de confianza”, se había empleado cloro como método de guerra, y recalcaba que su trabajo, consistente con su mandato, no incluía la cuestión de la atribución de responsabilidad por la presunta utilización18.

Dado que la Misión de Determinación de los Hechos de la OPAQ no tenía el mandato de llegar a una conclusión sobre la atribución de responsabilidad por el empleo de armas químicas, el consejo de seguridad de Naciones Unidas, aprobaba en su 7501ª sesión, celebrada el 7 de agosto de 2015, Resolución 2235 (2015), la creación del Mecanismo Conjunto de Investigación de la OPAQ y las Naciones Unidas (JIM, Joint Investigative Mechanism) para identificar en la mayor medida posible a las personas, entidades, grupos o gobiernos que hayan empleado sustancias químicas como arma, incluido el cloro o cualquier otra sustancia química tóxica, en la República Árabe Siria o que hayan organizado o patrocinado su empleo o participado en él de cualquier otro modo19. El 17 de noviembre de 2016  el Consejo de Seguridad en Resolución 2319 (2016)  renovaba el mandato del  JIM por otro año, pero el 24 de octubre de 2017, primero,  y luego el 17 de noviembre, rechazaba las propuestas para prorrogar su mandato por otro año más.

Durante su mandato el Mecanismo de Investigación Conjunto de la Organización para la Prohibición de Armas Químicas (OPAQ) y de la ONU (JIM) presentó siete informes, y concluyó que, en cuatro ocasiones, desde 2015 a 2107, el Gobierno sirio era responsable de tres ataques con cloro y uno con sarín.  Esto indicaría que o bien en 2013 el Gobierno sirio no habría declarado la totalidad de su programa químico o bien lo habría conservado una pequeña capacidad de producción de agentes neurotóxicos (sarín) y habría vuelto a utilizar cloro, una sustancia química industrial tóxica,  como arma química.

 

Terrorismo químico

La CAQ está muy cerca de conseguir la destrucción de la totalidad de las armas químicas declaradas, pues solo le queda la destrucción de dos instalaciones sirias, en vías de destrucción y la finalización de la destrucción de las armas química de Estados Unidos prevista para el año 2023.

Además tan sólo quedan cuatro estados por ratificar la CAQ y conseguir así la membresía total. Estos cuatro estados son Corea del Norte, Egipto, Israel (la ha firmado pero no la ha ratificado) y Sudán del Sur.

A la vista de los acontecimientos más recientes, una de las mayores amenazas para la CAQ es el empleo terrorista de las sustancias químicas tóxicas ya sea para cometer asesinatos más o menos selectivos, o para sembrar el pánico y el terror entre la población civil.

Los supuestos agentes “novichok” son según dicen del orden de 5-7 veces más tóxicos que el VX, es decir, utilizados de manera similar al VX, se requerirían cantidades del orden de 5-7 menores para producir la misma dosis letal. Para facilitar los cálculos supongamos que la dosis letal LD50 para el VX es de 10 µg/Kg (vía dérmica), y supongamos que nuestras personas tienen un peso de 100 Kg; entonces la LD50 sería de 1mg/persona. Supongamos, para facilitar los cálculos, que la densidad del VX fuese 1 mg/mL (la densidad real es 1,008 mg/mL a 20°C), entonces 1 mg de VX sería equivalente a 1 µL de VX, es decir, la LD50 sería de 1 µL/persona (El 50% de las personas de 100 Kg de peso que entrasen en contacto con 1 µL de VX fallecerían). Observe que desde el punto de vista clínico se considera que 20 gotas equivalen a 1 mL, es decir que 1 gota sería del orden de 50 µL, y que la LD50 calculada para el VX es de tan solo 1 µL, algo así como la cabeza de un alfiler.

Si en vez de VX empleásemos un supuesto agente “novichok”, la cantidad requerida sería mucho menor de 1 µL, y de emplear esa cantidad la letalidad obtenida sería mucho mayor.

En cuanto a cómo hacer llegar la dosis a nuestros individuos de modo que los daños colaterales fueran mínimos, existen numerosas posibilidades, función sobre todo de su toxicidad y persistencia.

Los últimos casos de asesinatos selectivos con armas químicas, el asesinato, en el aeropuerto de Kuala Lumpur (Malasia), de Kim Jong-un, en 2017, empleando VX y el intento de asesinato del ex espía ruso Sergei Skripal y su hija Yulia, en Salisbury (Reino Unido), en 2018, empleando un agente “novichok”, demuestran que, en este tipo de acciones, el empleo de agentes químicos no es más efectivo que el empleo de armas de fuego, pero eso sí, provocan el caos a nivel organizativo y político.

 

Doctrina Pá Ná

A la vista del empleo de armas químicas durante el conflicto sirio, antes y después de la adhesión de la República Árabe de Siria a la Convención, ya sea con agentes químicos de guerra, sarín e iperita, o con sustancias químicas industriales tóxicas, cloro, parece que la doctrina de guerra química siria, nada tiene que ver con la de los alemanes durante la Primera Guerra Mundial, pareciéndose algo a la doctrina inglesa durante ese mismo conflicto, que se enfocaba sobre todo en el aspecto psicológico sobre los combatientes. Esta doctrina podríamos denominarla “Doctrina Pá Ná”, pues los agentes químicos lejos de afectar a los combatientes enemigos, afectan a civiles, y sobre todo a niños, con lo que en vez de conseguir algún tipo de ventaja o beneficio militar lo que consigue es la repulsa e indignación del resto del mundo.

Los hechos corroboran, desde el punto de vista táctico, el supuesto empleo “pá ná”  de armas químicas por parte del Gobierno sirio.

Después de múltiples denuncias sobre incidentes químicos, el Gobierno sirio ratifica la Convención a finales del año 2013, y evita una intervención militar internacional de castigo, que era inminente.

La guerra continua y los incidentes químicos siguen produciéndose, a pesar de que a principios de 2016 se diera por finalizada la destrucción de todas las sustancias químicas declaradas en su arsenal químico.

Cuando parece que el curso de la guerra es favorable al gobierno sirio, tiene lugar, el 4 de abril de 2017, el incidente de Khan Shaykhun, un ataque con armas químicas (con sarín o con una sustancia parecida al sarín, según el informe de la Misión de Determinación de los Hechos de la OPAQ), que causó al menos 86 muertos, todos ellos civiles, según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH)20.

Según Estados Unidos y los grupos armados opositores al gobierno sirio, dos aviones del gobierno bombardearon la ciudad en su totalidad, especialmente los centros de concentración de civiles como clínicas y hospitales. Las Autoridades sirias y Rusia alegaron que se había bombardeado un almacén donde los rebeldes, que controlaban Khan Shaykhun, guardaban armas químicas. Numerosos líderes internacionales, entre ellos el presidente estadounidense, Donald Trump, acusan al Gobierno sirio de los hechos, y antes de que se lleve a cabo investigación alguna, Donald Trump ordena el bombardeo, el 7 de abril de 2017, de la base de Sharyat mediante el lanzamiento desde buques estadounidenses de 59 misiles de crucero Tomahawk. Antes del bombardeo advierte a Rusia del ataque, y esto permite retirar algunos aviones de la zona, pero aún así, destruyen de nueve a veinte aviones, y fallecen casi una decena de soldados sirios.

No contentos con el éxito conseguido con el ataque químico en Khan Shaykhun, el 7 de abril de 2018 tiene lugar otro incidente químico, supuestamente con una mezcla de cloro y sarín, esta vez, en Douma. El ataque dejó como saldo 50 personas muertas y alrededor de 500 heridos. Según la Organización de Voluntarios de la Defensa Civil Siria (pro-oposición siria) el ataque lo realizó el gobierno del presidente Bashar al-Asad para eliminar a los remanentes rebeldes, y lograr la conquista definitiva de Ghouta oriental. Sin esperar a investigación alguna, el 14 de abril de 2018, Estados Unidos, Reino Unido, y Francia bombardean objetivos que se suponen instalaciones de armas químicas del gobierno sirio.

El 4 de mayo de 2018, la OPAQ informa que el despliegue inicial de la Misión de Investigación de los Hechos (FFM) en Douma, se ha completado y que las muestras tomadas han sido remitidas al Laboratorio de la OPAQ, donde una vez divididas serán enviadas a los Laboratorios acreditados para su análisis, que se estima tardarán por lo menos tres ó cuatro semanas. Hasta la fecha nada se sabe de estos análisis, ni del informe correspondiente de la Misión de Investigación de los Hechos21.

 

Referencias:

  1. “Armas químicas: la ciencia en manos del mal”, René Pita, Plaza y Valdés Editores, 2008
  2. “NATO glossary of terms and definitions (english and french)”, AAP-06, Edition 2015, https://www.unap.ro/ro/news/aap6.pdf
  3. “Convención sobre la prohibición del desarrollo, la producción, el almacenamiento y el empleo de armas químicas, y sobre su destrucción”, https://www.opcw.org/fileadmin/OPCW/CWC/CWC_es.pdf
  4. “Chemical Warfare in World War I: The American Experience, 1917-1918”, Charles E. Heller, Combat Studies Institute, Leavenworth Papers, 1984
  5. “Steel Wind: Colonel Georg Bruchmuller and the Birth of Modern Artillery”, David T. Zabecki, Praeger, 1994
  6. “The Chemical Warfare Service: from laboratory to field”, L. P. Brophy, W. D. Miles & R. C. Cochrane, Center of Military History, United States Army, 1959.
  7. “The problem of chemical and biological warfare, Volume 2: CB weapons today”, Stockholm International PEACE Research Institute (SIPRI), Estocolmo,1973
  8. “Chemical Weapons and the Iran-Iraq War:A Case Study in Noncompliance”, Javed Ali, The Nonproliferation Review, 2001, vol. 8, n.º 1
  9. “A poisonous affair: America, Iraq, and the gassing of Halabja”, Joost R. Hiltermann, Cambridge University Press, 2007.
  10. “Tres tipos de inspecciones”, Ficha descriptiva nº 5, OPAQ, https://www.opcw.org/fileadmin/OPCW/Fact_Sheets/Spanish/Fact_Sheet_5_-_Inspections.pdf
  11. “¿Completada la destrucción de las armas químicas sirias?”, J. Domingo, http://cbrn.es/?p=433
  12. “Use of chemical weapons in the Syrian Civil War”, Wikipedia, https://en.wikipedia.org/wiki/Use_of_chemical_weapons_in_the_Syrian_Civil_War
  13. “Timeline of Syrian Chemical Weapons Activity, 2012-2018”, The Arms Control Association, https://www.armscontrol.org/factsheets/Timeline-of-Syrian-Chemical-Weapons-Activity
  14. “United Nations mission to investigate allegations of the use of chemical weapons in the Syrian Arab Republic” https://unoda-web.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2015/01/UN-Mission-Syrian-Chemical-Weapons-Fact-Sheet-Jan2015.pdf
  15. “Informe de la Misión de las Naciones Unidas para Investigar las Denuncias de Empleo de Armas Químicas en la República Árabe Siria sobre el presunto empleo de armas químicas en la zona de Ghouta (Damasco) el 21 de agosto de 2013”, Naciones Unidas, A/67/997–S/2013/553, http://www.un.org/es/comun/docs/?symbol=S/2013/553
  16. “Informe final de la Misión de las Naciones Unidas para Investigar las Denuncias de Empleo de Armas Químicas en la República Árabe Siria”, Naciones Unidas, A/68/663–S/2013/735, http://www.iri.edu.ar/images/Documentos/Boletines_IRI/139/ONU_informe_final_sobre_siria.pdf
  17. “Decisión (PESC) 2017/2303 del Consejo, de 12 de diciembre de 2017, de apoyo a la aplicación continua de la Resolución 2118 (2013) del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y la Decisión EC-M-33/DEC.1 del Consejo Ejecutivo de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas sobre la destrucción de las armas químicas sirias, en el marco de la aplicación de la Estrategia de la UE contra la proliferación de armas de destrucción masiva”, https://eur-lex.europa.eu/legal-content/ES/TXT/PDF/?uri=CELEX:32017D2303&from=EN
  18. “Sobre el cloro como método de guerra”, J.Domingo, http://cbrn.es/?p=10
  19. “Resolución 2235 (2015) acerca de la creación de un mecanismo conjunto de investigación de la OPAQ y las Naciones Unidas”, Unidas, S/RES/2235 (2015), http://undocs.org/es/S/RES/2235(2015)
  20. S/1510/2017 de fecha 29 de junio de 2017, “REPORT OF THE OPCW FACT-FINDING MISSION IN SYRIA REGARDING AN ALLEGED INCIDENT IN KHAN SHAYKHUN, SYRIAN ARAB REPUBLIC  APRIL 2017”, https://www.opcw.org/fileadmin/OPCW/Fact_Finding_Mission/s-1510-2017_e_.pdf
  21. “OPCW Spokesperson’s Statement on Fact-Finding Mission Deployment to Douma”, OPCW, https://www.opcw.org/news/article/opcw-spokespersons-statement-on-fact-finding-mission-deployment-to-douma/

 

Cien años del gas mostaza, el «rey de los gases»

En la noche del 12 al 13 de julio de 1917, el Ejército alemán lanzaba proyectiles cargados con una nueva arma química en el preludio de la tercera Batalla de Ypres. El ataque causó más de 2.000 bajas entre las tropas británicas. Los alemanes habían almacenado grandes cantidades de estos proyectiles químicos marcados con una cruz amarilla, con el fin de realizar una dura campaña contra los aliados en el saliente de Ypres.

El nuevo agente químico, el sulfuro de bis(2-cloroetilo), pasó a conocerse como iperita, en referencia a su empleo en Ypres, y como «gas mostaza», por el olor de los vapores que describían los combatientes próximos a las zonas donde se producía la detonación de la munición. Sin embargo, la iperita no es un gas a temperatura ambiente sino un líquido que se evapora lentamente, persistiendo un tiempo considerable en la zona afectada.

La iperita se sintetizó por primera vez en el siglo XIX, pero no fue hasta la Primera Guerra Mundial, entre 1916 y 1917, cuando dos químicos alemanes, Lommel y Steinkopf, desarrollaron un proceso de producción a gran escala. Ya en 1915, el Centro de Porton Down en el Reino Unido había barajado su uso como arma química, pero sería rechazada por no considerarla suficientemente letal. Enfadados por la decisión, los científicos británicos que habían trabajado en el programa colocaron una gota de iperita en la silla del director del centro, quien no podría sentarse durante un mes debido a la lesión que le produjo.

Hasta la incorporación de los proyectiles de iperita en la Primera Guerra Mundial, las armas químicas empleadas consistían en bombonas para la dispersión de gases, como el cloro o el fosgeno, y proyectiles cargados con líquidos muy volátiles, como el difosgeno, que una vez inhalados tenían un efecto sofocante y que persistían poco en la zona en la que eran empleados. Desde el 22 de abril de 1915, cuando los alemanes emplearon por primera vez esta táctica, la máscara de gas formaba parte del pertrecho habitual de los combatientes de todos los bandos.

Pero la iperita no solo producía lesiones en las vías respiratorias, sino también en la piel, de ahí que el empleo de las máscaras no proporcionara protección suficiente. Los primeros equipos para la protección corporal tardaron en estar disponibles, y solo para un pequeño número de tropas especializadas en labores de descontaminación. Un contratiempo añadido era que los efectos no se manifestaban hasta pasadas varias horas, de manera que el personal expuesto no era consciente de estar en contacto con una sustancia tóxica. Pasado ese tiempo, aparecían las dolorosas ampollas en la piel que causaban la incapacitación de la persona. Esto entrañaba un problema grave, ya que un combatiente incapacitado, al contrario que uno muerto, requería de evacuación y tratamiento médico, consumiendo recursos logísticos materiales y personales.

Según los registros del Ejército británico, aproximadamente un 80% de los iperitados podía volver a su puesto entre 4 y 8 semanas después de la exposición. Hubo incluso tropas que decidían autolesionarse para evitar continuar en combate y que buscaban intencionadamente exponerse a la iperita, hecho que consideraban mejor alternativa que dispararse en una pierna o en un brazo. Un soldado canadiense iperitado en Ypres describía sus síntomas como una «agradable y suave peste» en comparación con los que padecían sus compañeros heridos por munición convencional.

La eficacia de la iperita en los ataques alemanes hizo que se ganase el título de «rey de los gases» y que los Ejércitos aliados iniciaran los preparativos para su empleo. El propio Adolf Hitler en Mein Kampf narra cómo en un ataque británico, en octubre de 1918, sufrió sus efectos cuando servía como mensajero en el 16º Regimiento de Infantería Bávaro de Reserva. Sin embargo, este hecho ha sido puesto en tela de juicio por algunos historiadores.

A lo largo de la Primera Guerra Mundial se utilizaron unas 12.000 toneladas de iperita y las armas químicas, en general, causaron más de 1,3 millones de bajas, incluidas 100.000 víctimas mortales. Si bien el uso de armas químicas no fue decisivo en el resultado final de la guerra, sí lo fue en muchas batallas. Además, no solo hay que tener en cuenta el número de bajas físicas que provocaron, sino los importantes efectos psicológicos que tenían sobre los combatientes, así como la disminución de su operatividad al tener que utilizar la máscara de protección.

Finalizada la guerra, los servicios de guerra química y la industria de EE. UU., Francia y el Reino Unido iniciaron una campaña para fomentar la idea de que el arma química era el arma del futuro. Se llegaron incluso a poner en marcha campañas publicitarias para intentar explicar que las armas químicas eran más «humanas» que las convencionales, con absurdos mensajes sobre sus supuestos usos pacíficos, como la eficacia de la iperita para tratar la tuberculosis.

La iperita pasó a ser el principal agente de los arsenales químicos de todos los países que decidieron poner en marcha programas con esta nueva arma. No resulta, por tanto, extraño que se emplease en distintos conflictos armados, como fueron los casos de España en la guerra del Rif en la década de 1920, Italia en Etiopía entre 1935 y 1936, y Japón contra China desde 1938. En el teatro de operaciones europeo de la Segunda Guerra Mundial todos los bandos estaban preparados para el empleo de armas químicas, pero tenían recelo de ser los primeros en emplearlas por el riesgo de contraataques similares, un claro ejemplo de su importante poder disuasorio. Aun así, se dieron casos puntuales en los que algunos mandos militares, sin autorización de sus superiores, decidieron emplear armas químicas en situaciones tácticas desesperadas.

Durante la Guerra Fría, la producción y almacenamiento de iperita continuó, sobre todo en las grandes potencias. Se denunció su empleo en la guerra civil de Yemen del Norte a mediados de los años 60 y, entre 1983 y 1988, Irak utilizó 1.800 toneladas en la guerra contra Irán, donde las armas químicas causaron más de 45.000 bajas. Con la entrada en vigor de la Convención de Armas Químicas en 1997, se declararon, a nivel mundial, unas 18.000 toneladas de iperita de un total de 70.000 toneladas de armas químicas. Gracias a este tratado internacional, a fecha de hoy, un 95% de los arsenales químicos declarados ya han sido destruidos, aunque cuatro países –Corea del Norte, Egipto, Israel y Sudán del Sur–, algunos de ellos sospechosos de poseer armamento químico, todavía no se han adherido a la Convención.

A pesar de los importantes logros conseguidos por la Convención en el desarme y la no proliferación, la amenaza química no ha desaparecido. A los recientes ataques químicos en Siria hay que añadir el interés que el terrorismo yihadista ha mostrado por acceder a este tipo de armamento. De hecho, procedimientos para sintetizar iperita ya se probaron en los antiguos campos de entrenamiento de Al Qaeda en Afganistán y siguen apareciendo en publicaciones electrónicas vinculadas al terrorismo yihadista. Estos métodos han sido heredados por el Daesh para llevar a cabo ataques en Irak y Siria desde el año 2014. Si bien la mala calidad de la iperita obtenida no permite causar un elevado número de víctimas, el que continúen empleándola deja claro que el terrorismo yihadista es consciente de su importante efecto psicológico para desmoralizar a las tropas y para provocar miedo y pánico entre la población. Todo esto apunta a que, después de cien años, el reinado de la iperita aún no ha finalizado.

 

El teniente coronel René Pita es jefe del Departamento de Defensa Química de la Escuela Militar de Defensa NBQ.

El teniente coronel (reserva) Juan Domingo es especialista en Defensa NBQ y editor de la página web cbrn.es.

Fritz Haber, un químico en tiempos de guerra

Un día tal y como hoy, de hace 83 años, el 29 de enero de 1934, fallecía en  Basilea (Suiza), a la edad de 65 años, el químico alemán de origen judío, Fritz Shimon Haber.

No vamos a realizar ahora una biografía de Fritz Haber, solamente vamos a resaltar algunos aspectos de su trabajo como químico, que de no ser por la guerra, seguro le hubieran proporcionado un mayor reconocimiento mundial.

Casi todos los estudiantes de química cuando se les pregunta acerca de Haber, recuerdan el ciclo de Born-Haber y la síntesis del amoníaco mediante el método Haber-Boch. Los lectores, estudiosos y especialistas sobre el tema de la guerra química quizás recuerden a Haber como el “padre” de la guerra química, y quizás recuerden también el principio o regla de Haber en relación con la toxicidad de las sustancias químicas.

Fritz Haber fue ganador del premio Nobel de química, fue un extranjero miembro asociado de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, fue el desarrollador de un revolucionario proceso industrial, la síntesis del amoníaco a partir del nitrógeno del aire, que permite la fácil obtención de fertilizantes y explosivos, fue director del prestigioso Instituto Kaiser Wilhelm, en Alemania, y fue sobre todo, pese a su ascendencia judía, un gran químico y patriota alemán1.

Como dijo el propio Haber: ” Durante el tiempo de paz un científico pertenece al Mundo, pero durante el tiempo de guerra pertenece a su país”2.

 

La química y Haber

En 1886 Haber ingresó en la Universidad de Heidelbeg para cursar estudios superiores de Química con Robert W. Bunsen (1811-1899, famoso por el descubrimiento de espectroscopio y del cesio y del rubidio) como maestro, pasó luego a la Universidad de Berlín, bajo la tutela de August Wilhelm von Hofmann (1818-1892, famoso químico orgánico), y completó su formación superior en la Escuela Técnica de Charlottenberg (la actual Universidad Técnica de Berlín), bajo la tutela de Karl Liebermann (1842-1914, famoso por la síntesis de la alizarina)3.

Concluida su formación universitaria, inició su vida laboral, primero ayudando como químico a su padre en el comercio que éste tenía, y luego como ayudante del profesor Georg Lunge (1839-1923), en su laboratorio en el Instituto de Tecnología de Zurich (Suiza). Finalmente se desplazó a Jena para colaborar con Ludwig Knorr (1859-1921, famoso químico orgánico) y con Knorr publicó un trabajo sobre los ésteres del acido diacetosuccínico3.

En 1894, comenzó a trabajar en el departamento de Tecnología Química de la Universidad de Karlsruhe, bajo las órdenes del profesor Hans Bunte (1848-1925), especialista en la química de la combustión. Influido por Hans Bunte y por Carl Engler, Haber se dedicó al estudio de los combustibles y, de forma muy especial, del petróleo, al que dedicó gran parte de sus investigaciones durante el largo período que pasó en dicha universidad (1894-1911). En 1896 Fritz Haber obtuvo el título de doctor con una tesis sobre la descomposición y la combustión de los hidrocarburos y en 1898, publicó el artículo “Grundriss der technischer Elektrochemie auf theoretischer Grundlage“, (Esquema de Electroquímica técnica basada sobre fundamentos teóricos). Entre otros temas, el artículo trataba la reducción del nitrobenceno, lo que despertó el interés de muchos químicos orgánicos sobre los procesos de reducción electroquímica3.

En 1905 publica su libro “Thermodynamik technischer Gasreaktionen“, (Termodinámica de reacciones en fase gaseosa), y en 1906 publica “Experimental-untersachungen über Zersetzung und Verbrennug von Kohlenwarsertoffen“, (Investigaciones experimentales sobre la descomposición y combustión de hidrocarburos). En 1906 es designado profesor de Química y Electroquímica Física y, más tarde, Director del Instituto de Física y Química de la Universidad de Karlsruhe3.

 

La fijación del nitrógeno

Fijación es la acción y efecto de fijar o fijarse, y también es la obsesión o idea fija. En el caso del nitrógeno la fijación hace referencia a la combinación de nitrógeno molecular con el oxígeno o con el hidrógeno para dar sustancias nitrogenadas, óxidos o amonio, que pueden incorporarse a la biosfera. Como el nitrógeno molecular, componente mayoritario de la atmósfera, es inerte y no es aprovechable directamente por la mayoría de los seres vivos, se generó en el mundo científico una cierta obsesión por el nitrógeno, buscando un procedimiento rentable para la “fijación del nitrógeno”.

La fijación de nitrógeno, junto con la fotosíntesis como fuente de energía, es la base de la vida en la Tierra. La fijación de nitrógeno proporciona el componente básico necesario para dos grandes grupos de macromoléculas, los ácidos nucleicos y proteínas4.

La investigación sobre la fijación de nitrógeno y su aplicación a la agricultura han estado presente a lo largo de todos los siglos, incluso antes de que se conociese la “fijación de nitrógeno”. Los romanos desarrollaron hace más de 2000 años el sistema de rotación de cultivos para mantener y mejorar la fertilidad del suelo mediante la fijación de nitrógeno por parte de las leguminosas. Ciertas bacterias, conocidas como diazótrofos son capaces de fijar el nitrógeno atmosférico en una forma nitrogenada disponible, el amonio4.

A finales del siglo XIX la revolución industrial había traído consigo un aumento sostenido de la población que requería una explotación creciente e irracional de los cultivos, de modo que algunos pensadores advirtieron que  la producción agrícola del momento, dependiente de los caprichos del clima y de la fecundidad del terreno venida a menos por siglos de cultivo, sería incapaz de satisfacer la creciente demanda de la población. A la humanidad sólo le quedaría una alternativa, la hambruna o la guerra5.

En una reunion en 1898, Sir William Crookes, Presidente de la British Association for the Advancement of Science (Asociación británica para el avance de la ciencia) presentó este tema como una potencial catástrofe inminente, y comentó que “encima de cada milla cuadrada de tierra y mar hay una columna de aire que contiene 20000000 toneladas de nitrógeno”. Las palabras de Crookes marcaron el inicio de una carrera entre los científicos y laboratorios para resolver el problema5,6.

En 1909  Firtz Haber hizo público el denominado proceso de Haber (que más tarde habría de ser perfeccionado por Carl Bosch), con el que era posible obterener amoníaco a partir del nitrógeno del aire y del hidrógeno conseguido por medio de la hidrólisis del agua. El método consiste en calentar una mezcla de nitrógeno e hidrógeno a una temperatura de quinientos grados centígrados, y someterla a una presión que oscila entre las doscientas y las mil atmósferas, en presencia de un catalizador constituido por limaduras de hierro, óxido de aluminio y óxido de potasio3.

Gracias al proceso de Haber-Boch se pudo obtener amoníaco, y por ende, ácido nítrico y nitratos, a muy bajo coste, bien para la fabricación de fertilizantes para uso agrícola, o bien para la fabricación de explosivos para fines militares. Gracias al descubrimiento de Haber, Alemania pudo afrontar la I Guerra Mundial sin temor a verse desprovista, con el paso del tiempo, de alimentos para la población y municiones para la guerra3.


La guerra química

En 1911, Haber había abandonado la Universidad de Karlsruhe para incorporarse, en calidad de Director, al célebre Instituto de Física y Electroquímica de Berlín-Dahlem (también conocido como Instituto Kaiser Wilhelm), cargo en el que sustituyó a un viejo conocido, Carl Engler3.

Iniciada la I Guerra Mundial el patriotismo llevo a Haber a enrolarse en el Ejército, pero su solicitud fue rechazada debido a su edad, 46 años. A pesar de ello, se ofreció para colaborar con el Ejército, y entre 1914-1919, durante la I Guerra Mundial estuvo al frente del Departamento de Guerra Química del Ministerio de la Guerra Alemán, y de alguna manera fue el responsable de las investigaciones que permitieron el empleo de algunas sustancias químicas, cloro, fosgeno e iperita, como método de guerra3,7.

Fritz Haber asistió a mediados de diciembre de 1914 a las pruebas con los proyectiles de T-Stoff, y quedó fascinado por esta nueva aplicación de la química. Haber llegó a la conclusión de que el cloro, un gas más denso que el aire, era un excelente candidato como agente químico de guerra,  pues además de disponer de grandes cantidades  del mismo, la BASF había conseguido almacenarlo en forma líquida, en bombonas metálicas y actuaba como un agente sofocante si se inhalaba. También pensó en el fosgeno, pero su disponibilidad en aquel momento era inferior a la del cloro8.

Tras arduos preparativos y a la espera de condiciones climatológicas adecuadas, el 22 de abril de 1915, a alrededor de las 5 de la tarde, los alemanes liberaron aproximadamente 168 toneladas de cloro que fueron empujadas por el viento hacia las trincheras aliadas, en forma de una nube amarillo-verdosa similar a una nube de ocultación8.

 

La regla de Haber

La regla de Haber establece que, para un determinado gas o vapor tóxico el producto, C × t = k, donde C es la concentración del gas (masa por unidad de volumen), t es la cantidad de tiempo necesario para respirar el gas, para producir un efecto tóxico dado, y k es una constante, dependiente del gas y del efecto. Por ejemplo, según la regla, sucedería que duplicando la concentración se reduciría a la mitad el tiempo necesario para conseguir el mismo efecto.

La regla de Haber es, literalmente, una nota en la historia de la guerra de los gases. En 1924, Fritz Haber publicó una serie de conferencias, una de ellas con el título “On the History of Gas Warfare”, (Sobre la historia de la guerra de los gases). En una nota al pie de una tabla que listaba algunas sustancias empleadas durante la guerra, como por ejemplo, fosgeno, cloroformiato de metilo, ácido cianhídrico, cloroacetona, bromuro de xililo y cloro, Haber escribió9:

“Puede obtenerse una medida sencilla y práctica de la toxicidad, suficiente para fines prácticos. Para cada gas de la guerra, la cantidad (C) presente por metro cúbico de aire, expresada en miligramos, se multiplica por el tiempo (t), en minutos, necesario para el animal experimente por inhalación de ese aire, el efecto letal deseado. Cuanto más pequeño sea este producto (C × t), mayor es la toxicidad del gas de guerra. En la tabla se dan algunos valores. Puede encontrase una información más detallada en la literatura médica. Los valores se obtuvieron mediante el empleo de gatos como animales de experimentación.”

La formulación original de la regla de Haber viene a decir simplemente que el producto de la concentración por el tiempo de exposición es una medida práctica de la letalidad aguda en gatos, nada más. La suposición de una respuesta constante al mismo producto C × t habría sido postulada en 1921 por el bioquímico y toxicólogo experimental Ferdinand Flury (1877-1947), en un artículo que abordaba la toxicidad aguda del fosgeno. La regla de Haber debería haberse llamado “regla de Flury”10.

 

El ciclo de Born-Haber

Antes de que finalizase la I Guerra Mundial, en 1917, el físico alemán Max Born (1882-1970) y Fritz Haber propusieron el denominado ciclo de Born-Haber como método para evaluar la energía reticular de un compuesto iónico11.

El ciclo de Born–Haber comprende la formación de un compuesto iónico a partir de la reacción de un metal (normalmente un elemento del grupo 1 o 2, alcalinos y alcalinotérreos) con un no metal (como los halógenos, el oxígeno u otros). Los ciclos de Born–Haber se usan principalmente como medio para calcular la energía reticular, que no puede ser determinada experimentalmente11.

 

De los pesticidas a las cámaras de gas

Finalizada ya la guerra, durante la década de 1920, las investigaciones llevadas a cabo en el Instituto Kaiser Wilhelm sobre gases tóxicos para su empleo como plaguicidas condujeron al desarrollo del Zyklon A, que fue utilizado como insecticida, especialmente como fumigante en graneros. Aprovechando el trabajo de Haber, durante la II Guerra Mundial el régimen nazi desarrollaría el Zyklon B utilizado en los campos de concentración para exterminar a  judíos, gitanos y otros grupos que el tercer Reich consideraba razas inferiores o socialmente no deseados2,12.

 

El oro del agua de mar

Finalizada la guerra Haber mantuvo su apoyo al Gobierno alemán y en 1919 puso en marcha un proyecto de extracción de oro del agua de mar, con vistas al pago de las elevadas compensaciones económicas impuestas por los aliados tras la pérdida de la guerra.

A partir de las estimaciones que había realizado el premio Nobel Svante August Arrhenius (1859-1927), según las cuales en el agua de mar habría al menos 6 miligramos de oro por tonelada de agua, Haber calculó que se podrían obtener 5 miligramos de oro por cada tonelada de agua de mar, pero muy a su pesar la cantidad que encontró resultó ser de tan sólo 0,001 miligramos por tonelada de agua. La extracción no resultaba rentable, y el proyecto resultó un total fracaso2,8,13,14.

 

Referencias

  1. “The story of the man who gave us the Haber’s law”, Hanspeter Witschi, Inhalation Toxicology, 9:201–209, 1997, http://www.tandfonline.com/doi/pdf/10.1080/089583797198213
  2. “Fritz Haber biography”, http://www.jewage.org/wiki/en/Article:Fritz_Haber_-_Biography
  3. “Biografía de Fritz Haber”, http://www.mcnbiografias.com/app-bio/do/show?key=haber-fritz
  4. “Catalysts for Nitrogen Fixation”, B. E. Smith, R. L. Richards & W. E. Newton, Kluwer Academic Publishers, 2004
  5. “Fritz Haber: The Damned Scientist”, Dunikowska & L. Turko, Angew. Chem. Int. 50, 10050 – 10062, 2011
  6. “The secret history of chemical warfare”, N. McCamley, Pen & Sword Books Ltd., 2007.
  7. “La quimica y sus contextos. El caso Fritz Haber”, Miguel Katz, https://www.mrecic.gov.ar/userfiles/Quimica%20y%20Civilizaci%C3%B3n%20-%20El%20caso%20Fritz%20Haber%20cap%209.pdf
  8. “Armas químicas-La ciencia en manos del mal”, René Pita Pita, Plaza y Valdés Editores, 2008
  9. “The story of the man who gave us the Haber’s law”, Hanspeter Witschi, Inhalation Toxicology, 9:201–209, 1997, http://www.tandfonline.com/doi/pdf/10.1080/089583797198213
  10. “Some Notes on the History of Haber’s Law”, Hanspeter Witschi, http://www.boerenlandvogels.nl/sites/default/files/H%20Witschi%20Haber’s%20Law%20Tox%20Sci%201999.pdf
  11. “Born–Haber cycle”, https://en.wikipedia.org/wiki/Born%E2%80%93Haber_cycle
  12. “The uses and abuses of biological technologies: Zyklon B and gas disinfestation between the first world war and the holocaust”, Paul Weindling, History and Technology, Vol. 11, pp. 291-298, 1994.
  13. “The Mineral Resources of the Sea-Chapter III Minerals from sea water”, John L. Mero, Elsevier Oceanography Series, Volume 1, 1965.
  14. “Das Gold im Meerwassers”, Fritz Haber, Z. Angew. Chem., 40: 303-317, 1927