Archivos mensuales: abril 2015

Un centenario que no debería tener análogo

Hoy se cumplen cien años desde que el 22 de abril de 1915, alrededor de las cinco de la tarde, los alemanes liberaran en la localidad flamenca de Ipres, unas 168 toneladas de cloro, almacenado en bombonas metálicas, repartidas éstas a lo largo de un frente de trincheras de casi 7 kilómetros.

El cloro evaporado formó una espesa nube amarillo verdosa, más densa que el aire por lo que se hundía en las zonas más bajas, fría como consecuencia del enfriamiento del aire producido por la evaporación del cloro, que arrastrada por el viento favorable inundó las trincheras aliadas. Al no estar precedida por una descarga artillera, las tropas francesas y argelinas pensaron que se trataba de una cortina fumígena empleada para ocultar el avance y se aprestaron a la defensa de las trincheras. Nada más lejos de la realidad, la nube no era una cortina fumígena, era una nube tóxica de una sustancia con efectos sofocantes que sorprendió a los aliados sin protección alguna.

Los alemanes fueron acusados de violar la Declaración (IV, 2) de la Haya que entró en vigor el 4 de septiembre de 1900. Con un breve texto la Declaración prohibía el uso de proyectiles cuyo único fin fuese la difusión de gases tóxicos o nocivos. Al no utilizar proyectiles, se soslayaba esta prohibición, al tiempo que se introducía un nuevo procedimiento de diseminación, más silencioso, que no requería de una descarga artillera, pero que estaba muy influido por las condiciones meteorológicas, sobre todo por la dirección y velocidad del viento.

El cloro es una sustancia química industrial tóxica, que al igual que hace un siglo se emplea en multitud de aplicaciones industriales. El cloro no está recogido en el anexo B de sustancias químicas de la Convención sobre la prohibición del desarrollo, la producción, el almacenamiento y el empleo de armas químicas y sobre su destrucción verificación, habitualmente conocida como la Convención de Armas Químicas (CAQ). Tampoco está recogido en los listados del Grupo Australia que mediante el control de las exportaciones buscar no contribuir a la difusión de las armas químicas y biológicas.

La prohibición de las armas químicas según la CAQ

Cada Estado Parte en la CAQ se compromete, cualesquiera que sean las circunstancias, a:

  1. No desarrollar, producir, adquirir de otro modo, almacenar o conservar armas químicas ni a transferir esas armas a nadie, directa o indirectamente;
  2. No emplear armas químicas;
  3. No iniciar preparativos militares para el empleo de armas químicas;
  4. No ayudar, alentar o inducir de cualquier manera a nadie a que realice cualquier actividad prohibida a los Estados Partes por la CAQ.

Las armas químicas y las sustancias químicas tóxicas

La CAQ define lo que entiende por armas químicas, y como tales figuran las sustancias químicas tóxicas o sus precursores, salvo cuando se destinen a fines no prohibidos por la CAQ, siempre que los tipos y cantidades de que se trate sean compatibles con esos fines. Por sustancia química tóxica se entiende toda sustancia química que, por su acción química sobre los procesos vitales, pueda causar la muerte, la incapacidad temporal o lesiones permanentes a seres humanos o animales. Quedan incluidas todas las sustancias químicas de esa clase, cualquiera que sea su origen o método de producción y ya sea que se produzcan en instalaciones, como municiones o de otro modo.

Los fines no prohibidos por la CAQ

A tal fin la CAQ entiende por “fines no prohibidos” los siguientes:

  1. Actividades industriales, agrícolas, de investigación, médicas, farmacéuticas o realizadas con otros fines pacíficos;
  2. Fines de protección, es decir, los relacionados directamente con la protección contra sustancias químicas tóxicas y contra armas químicas;
  3. Fines militares no relacionados con el empleo de armas químicas y que no dependen de las propiedades tóxicas de las sustancias químicas como método de guerra;
  4. Mantenimiento del orden, incluida la represión interna de disturbios.

 

CONCLUSIÓN

La CAQ prohíbe el empleo de cualquier sustancia química tóxica como método de guerra, ya se trate de cloro, de amoníaco, de dióxido de azufre, de malation, de propoxur, de permetrina o de cualquiera de las numerosas sustancias químicas tóxicas conocidas o no conocidas. El cloro es sólo un triste ejemplo que nunca debería repetirse.